Cuando di mis primeros pasos en la musculación no tenía ni idea de por dónde empezar. Me sentía perdido, veía a gente con experiencia y me parecía imposible llegar ahí. Pero decidí dar el paso: empecé con lo básico, aprendiendo la técnica y construyendo poco a poco.
Al principio fueron agujetas, dudas y mucha paciencia. No buscaba levantar grandes pesos, sino ganar firmeza, sentirme seguro y constante. Con el tiempo entendí que la clave no estaba solo en el entrenamiento, sino también en el descanso, la alimentación y, sobre todo, en la disciplina.
Hoy miro atrás y me alegro de haber empezado. La musculación me ha enseñado que lo importante no es la prisa, sino la constancia. Cada día que entreno me siento más fuerte, no solo de cuerpo, también de mente.